Bypass Espiritual

 

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Tan sólo la verdad de nuestra historia nos hará libres
(Mirian Alonso)

 

En los últimos tiempos he escuchado a menudo la expresión “bypass espiritual”, algo que en algún momento me he atribuido a mí misma, y hoy quisiera profundizar un poquito sobre el significado de esta expresión y sobre lo que nos genera cuando lo practicamos.

El término “bypass espiritual” fue acuñado por vez primera en 1984 por el psicoterapeuta John Welwood, quien nos advirtió de los riesgos de caer en él.

¿Pero de qué estamos hablando?

Eludir la realidad

El bypass espiritual es la confusión entre realidad e ideal que afecta a muchas personas. Esta confusión no se genera siempre de forma instintiva dentro de cada uno sino que existen algunos tipos de terapias psicológicas o espirituales que no hacen más que asentar o agravar este problema.

En muchas ocasiones, o por lo menos más de las que somos conscientes, nos acercamos a creencias y prácticas espirituales de bypass espiritual como una válvula de escape para así evitar vivir la realidad dura de circunstancias y acontecimientos de nuestra vida. De esta forma conseguimos aparentemente escapar de un dolor grande, de un trauma, pero en realidad los duelos se quedan sin concluir, no superamos nuestros miedos y no resolvemos la contradicción entre nuestra realidad y el ideal que tratamos de autoimponernos.

Para comprender esto podemos tomar el ejemplo, muy frecuente, de personas que padeciendo algún problema, por ejemplo ira, se acercan a algún grupo de terapia espiritual cuyo lema es “todo es amor, todos somos maravillosos”. El grupo es bienintencionado pero el tiempo pasa y por más que se repita que “todo es amor, rodos somos maravillosos” el problema de ira de esa persona no se resuelve y sale de vez en cuando a la superficie explotando la rabia. Cuando esto sucede se produce una contradicción interna desgarradora, una confusión entre la realidad (ira no resuelta) y el ideal (todo es amor). El error es no tratar de contactar con esa ira para poder gestionarla. El error es tratar de hacer como que no existe.

Todo bien, siempre bien, es mentira

Cuando creemos estar en un nivel alto de espiritualidad, donde todo es perfecto, todo es positivo, todo está bien,… es muy posible que no nos demos cuenta del engaño en el que estamos incurriendo, pues como decía un buen amigo mío “todo bien… siempre bien… es mentira”.

Al colocarnos en este lugar, lo que estamos evitando es entrar en contacto con la parte negativa de nuestras vidas, con las rabias, los traumas, las fobias… todo aquel lado que pudiéramos denominar “sombra” y que tanto nos asusta. Pero esas emociones llamadas “negativas” no se evaporan por arte de magia, están aguardando en nuestro inconsciente, como una olla a presión, están manejando los hilos de nuestra vida, y hasta que no entramos en contacto con ellas para gestionarlas adecuadamente no vamos a poder sentir paz y sanar.

Sufriendo el bypass espiritual nos engañamos a nosotros mismos y engañamos a todos los demás, pero de lo que no nos damos cuenta es que la verdad de cada uno, la más profunda de ellas, quiere descubrirse a sí misma.

Mentiras y falsas ilusiones

Para poder sobrevivir en este mundo y permanecer intactos nuestro interior hace de las suyas, y hará lo que haga falta para mantenernos teóricamente a salvo. Una de las formas que tiene de hacerlo es haciéndonos pensar que cierto dolor es tolerable, se justifica a sí mismo para no entrar en el sentir, nos auto niega el dolor experimentado diciéndonos frases tales como “esto no es real, es solo una ilusión, aquí no pasa nada, eso no es verdad, todo está bien…”. Activa todas las defensas de las que dispone para no enfrentarse a la verdad porque esta es dolorosa. Así que nos montamos mil historias, nos contamos cuentos, nos mentimos, con tal de no entrar en contacto con nuestro dolor, con tal de que no lleguemos a descubrir nuestra historia profunda, que es la única que al ser descubierta, sentida y gestionada de forma adecuada pondrá fin al sufrimiento.

El interior hace que mantengamos los ojos cerrados, que el dolor se perpetúe y no desaparezca, nos hace creer en la ilusión de que no soy quien soy en realidad. Así nos construimos un personaje que vive nuestra vida, que tiene ciertas creencias, activa todas nuestras defensas, para que no cambie nada y lo hace negando una y otra vez la realidad.

Salir del bypass

He comprobado por mí misma esto de lo que os hablo, y me doy cuenta de lo extremadamente sutil que es todo este montaje, tanto, que incluso queriendo salir de él cuesta. Y nos cuesta mucho en la vida.

Para poder salir del bypass espiritual primero hemos de darnos cuenta de que estamos en él y esto es en general difícil porque de alguna forma hasta la sociedad entera esta imbuida muchas veces por él. Podemos llamarlo “bypass” o “no afrontar la realidad” o conceptos parecidos… para mí es lo mismo. La cuestión es darse cuenta. Podrías preguntarte si tu realidad es buena o mala para ti, si cada vez que sientes algo, alguna de las emociones negativas de las que normalmente hablamos o experimentas un trauma o situación dolorosa las vives, las sientes. Porque el ego habla en forma de pensamientos, pero de lo que yo te estoy hablando es de sentir. Y el ego no siente, solo cree.

Hacernos esta reflexión nos ayudará a darnos cuenta de dónde nos encontramos. ¿Tenemos los pies en la tierra? ¿Nos hemos montado alrededor un mundo de colores?. Luego, hay que dejar de negar lo que es.

Para llegar a la luz hay que transitar por las tinieblas y superarlas, es la única forma. Para llegar al amor hay que sentir y gestionar el odio que habita dentro de ti, la rabia, el dolor, la angustia, el miedo. Hay que tener coraje y ser muy valiente, porque las nubes pueden parecer muy negras, y el vacío asusta, pero una vez inmerso, vivido, sentido…sale el sol.

Entra a fondo en el oleaje, sin defenderte, sin resistirte, sin manipular, quítate el velo que no te deja ver la verdad, porque después de transitar por la sombra, asumirla como parte de ti, gestionarla, llega la luz y en ella está la salvación.

He pasado muchos años de mi vida tomando distintas terapias, formaciones, y en contacto con muchas personas que también lo hacían. Al pasar los años, y con más objetividad, puedo decir que por un lado algunas terapias pueden ayudarte a no hundirte en el fondo, pero por otro lado ¡¡cuidado!!. Pueden confundirte mucho y generar en tu interior una contradicción insufrible si tratan de definir una realidad (“todo es amor”) que no existe.

Hay que llamar a las cosas por su nombre. El no hacerlo no exime de responsabilidad y no ayuda al que lo necesita, si acaso le confunde y hace que el velo pueda ser mayor. Necesitamos reencontrarnos con nuestra verdad, con nuestra historia, y revivir todos los sentimientos y emociones apegadas a ella. Después de hacerlo podremos gestionarnos y nuestro cuerpo estará tranquilo, liberado y en paz.

 

“No es posible despertar a la conciencia sin dolor. La gente es capaz de hacer cualquier cosa, por absurda que parezca, para evitar enfrentarse a su propia alma. Nadie se ilumina fantaseando figuras de luz, sino haciendo consciente su oscuridad
(Carl Jung)

 

Autor: Mirian Alonso

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