Conectando conmigo misma

calma

 

 

Cuando el hombre descubrió el espejo empezó a perder su alma

(Erich Fromm)

Desconexión interior

Conectar significa unir, establecer una comunicación. Los seres humanos somos capaces de conseguir, construir, lograr las cosas más increíbles, tales como llegar a la luna, conquistar la cima del Everest, dominar la electricidad, fabricar medicamentos, internet; sin embargo, somos grandes desconocedores de nosotros mismos. Nuestra atención está depositada constantemente hacia el exterior y no sabemos cómo acceder a nuestro interior o no queremos hacerlo. No estamos conectados con él.

Esta desconexión con nuestro interior tiene un precio que pagamos y lo sentimos cuando nos encontramos con esas sensaciones de vacío, de confusión, esas épocas de crisis que nos asaltan y no sabemos cómo manejar. Mientras vivimos volcados hacia el exterior nos estamos perdiendo una parte muy importante del viaje, la que tiene lugar desde dentro, la que nadie más que uno mismo puede vivir, la que nos lleva a encontrar esa libertad y esa tranquilidad que ninguna persona ni situación externa nos puede proporcionar. Nos sentimos entonces en tierra de nadie, sin encontrar un lugar seguro donde habitar, persiguiendo desesperadamente algo que no llega a saciar esa sensación de vacío. Esta sensación puede durar sólo unos instantes o toda una vida dependiendo de los cuentos que nos contamos para creer que somos felices aunque nos sintamos en realidad insatisfechos. Nos desconectamos de nuestra verdad, de nuestro ser, y nos aferramos a situaciones y experiencias que en muchas ocasiones no nos conducen a la satisfacción. Tan sólo desde esa conexión con nosotros mismos lograremos estar centrados, sabiendo quienes somos y hacia dónde nos dirigimos.

Damos más importancia a la razón, por encima del percibir, del sentir, por encima de nuestras emociones, intuiciones, de entender los mensajes de nuestro propio cuerpo. La pérdida de esa conexión tiene consecuencias. Nos convertimos en extraños de nosotros mismos, la realidad no nos gusta, mantenemos una imagen de nosotros para gustar a los otros, nos volvemos adictos, nos volvemos insensibles o demasiado sensibles y nuestros miedos derivados de nuestras carencias no resueltas salen al fin.

Cuando éramos niños poseíamos esta conexión de una manera genuina, natural. Pero con frecuencia, en la propia infancia, esta faceta de nuestro ser nos fue robada o amordazada. Nos desconectamos entonces de nosotros mismos y perdimos nuestra identidad. Fuimos creciendo llegando a ser adultos en busca de sí mismos, perdidos, sin identidad. Es entonces cuando hay que hacer un gran trabajo para descubrir quienes éramos, mejor dicho, quienes somos hoy.

Conectando con nosotros mismos

Para encauzar el trabajo de reconexión, si deseas hacerlo, puedes fijarte en esos indicios de que las cosas no funcionan, no satisfacen, y tratar de trabajar sobre ellos teniendo en cuenta varios aspectos complementarios:

  • Nuestro diálogo interior: Son todos esos pensamientos internos que tenemos, en muchas ocasiones inconscientes, las ideas, las palabras que nos decimos, el tono que usamos y la manera de expresarnos, cómo nos criticamos o cómo nos comprendemos. Si buscamos el silencio del ruido del exterior y nos escuchamos podremos conectar con ese diálogo interior y cambiarlo.
  • Nuestro cuerpo: Intentamos acallar los mensajes que nos envía el cuerpo y es el canal que conecta el exterior con el interior. A través de él percibimos la vida. Si confiamos en él y lo escuchamos descubriremos mucho de quienes somos y cómo podemos cambiar (http://renaceconciencia.com/mi-cuerpo-habla/).
  • Nuestras emociones: Antiguamente era muy común la frase de “no llores, no sientas…”. Las emociones son mucho más antiguas que la razón y el motivo por el que muchas veces nos descontrolemos. Estamos tan desconectados que no somos capaces de sentirlas, o no queremos hacerlo, pero ellas siguen ahí, y llega el momento y salen descontroladas, nos desbordan. Si somos capaces de dedicarlas atención y las sentimos, además de darnos mucha información de nosotros, nos ayudarán a resolver nuestros conflictos.
    • Nuestras intuiciones y sueños: Son un puente entre nuestro mundo consciente e inconsciente, y nos dan mucha información sobre nosotros mismos.

Es posible volver a ser quienes fuimos de manera genuina una vez si volvemos a atender a nuestro diálogo interior, a nuestro cuerpo, a nuestras emociones, a nuestras intuiciones y sueños…

Alcanzar la conexión interior

No es un camino fácil, lo sé personalmente, pero sí es reconfortante saber que tú estás ahí para atenderte. Empiezas a mirarte y empiezas a comprenderte, empiezas a tener buena comunicación contigo, empiezas a descubrirte, a saber quién eres, qué deseas, qué necesitas, qué es lo que te gusta y lo que no, qué te molesta, qué te inquieta. Al darte cuenta de tus necesidades insatisfechas empiezas a ocuparte de ellas, te conoces más. Cuando llegan momentos de conflictos e inquietud, te tienes a ti para hacerles frente. Ya dejas de culpar a otros de lo que te sucede y empiezas a responsabilizarte, pero también decides quién es quién, a quién quieres a tu lado y a quién no. Esto hace que te sientas libre de decidir y elegir cómo quieres vivir tu vida. Creas un ambiente de amor para ti, y cuando en un momento te das cuenta de que lo que acabas de hacer no es lo más adecuado ya no te fustigas ni te castigas, puedes actuar, pedir perdón, tratarte con compasión.

Cuando conectas contigo mismo ves la realidad más clara que nunca, la aceptas, nombras a las cosas por su nombre, se coloca tu vida en orden y el orden se hace desde el interior, todo cobra sentido, un sentido que antes no tenía, porque das valor a lo importante y te deshaces de viejas creencias. Entonces te sientes libre de juicios, de críticas, ni para ti ni para el de enfrente, ya no necesitas la validación del otro porque tienes la tuya. Sabes muy bien quién eres y te respetas, te proteges, te cuidas de lo dañino, para ello conectas con lo que sientes, y con lo que durante muchos años estuvo dormido dentro de ti.

Una vez perdimos nuestra conexión esencial, pero es posible recuperarla, con trabajo, con esfuerzo, muchas veces con dolor y lágrimas, pero la recompensa es inmensa. Nace una persona nueva, diferente, libre y llena de valor y dignidad.

 

No corras, ve despacio, que adonde tienes que ir es a ti sólo
(Juan Ramón Jiménez)

Autor: Mirian Alonso

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