¿CULPABLE O RESPONSABLE?

culpaLos seres humanos experimentamos sensaciones y emociones de todo tipo. Algunas de ellas las catalogamos como positivas, aquellas que nos hacen sentir de manera agradable, y otras como negativas, esas que no nos gustan y las vemos como algo desagradable. Entre estas últimas se encuentra el sentimiento de culpa. Todos lo hemos experimentado al menos en alguna ocasión.

¿Daño? ¿Qué daño? ¿Quién es el culpable?

La culpa se relaciona con un daño causado por acción u omisión pero nuestra comprensión diferente de lo que es daño y de nuestras propias emociones y las de los demás hacen que la culpa se manifieste de diversas formas y que los sentimientos alumbrados por ella sean asimismo diferentes en cada persona. Gritar a una hija, contestar mal a una madre, etc, incluso perder unas llaves, son situaciones que tienen para cada uno de nosotros diferente grado de “daño” por lo que los sentimientos que se despiertan no serán los mismos en cada uno de nosotros. Por ello, nuestra reacción ante un hipotético hecho similar es diversa. En algunos no se despertará ningún sentimiento de culpa porque entenderán que no hay daño (“bah, es normal gritar o contestar mal a veces, no pasa nada..”) mientras que en otros crecerá la sensación de haber causado un cierto mal.

En otro sentido, hay personas que viven la culpa y sus consecuencias levantando el dedo acusador y señalando siempre hacia el exterior en vez de responsabilizarse de sí mismos (“grité a mi hija porque no me hacía caso, la culpa fue suya…”, “contesté mal a mi madre porque se mete en todo…”, incluso “perdí las llaves porque no me recordaste dónde las puse…”). Otras personas, sin embargo, se pasan la vida sintiéndose culpables por todo y por todos. Tan equivocado es vivir en un extremo como en el otro. A mí me gusta hablar de responsabilidad, de personas que se responsabilizan de sus vidas, oportunidades para descubrirse, corregirse y crecer.

Raíces de la culpa

La culpa tiene raíces muy profundas, desde nuestra más tierna infancia primero y luego a lo largo de nuestra vida. Muchas de las frases que nuestros padres o personas de referencia usaban con nosotros para manipularnos y tenernos controlados despertaron ese sentimiento de culpabilidad a edades muy tempranas. Por cada falta, por pequeña que fuera, la culpa nos agarraba y así hacíamos lo que ellos nos pedían o querían:

“Eso está muy mal hecho, eso no se hace, mira lo que le has hecho a tu padre, mamá se ha puesto mala por tu culpa”… ¿Te suena de algo estas frases? Esas eran sus frases pero después integramos muchas veces esta forma de proceder en nosotros mismos. ¿Cuáles son las frases que tú mismo utilizas para ti y para los demás?. A veces el sentimiento de culpa se origina en el mismo momento de nacer. Acabo de nacer, mi madre casi muere en mi parto. En ese mismo instante se instala (muy inconscientemente) la culpa dentro de mí. De esta primera culpa nacerán todas las demás “casi mato a madre” “por mi culpa casi se muere”…

Crecer siendo responsables

Mirar hacia el pasado para aumentar el sentimiento de culpa es una pérdida de energía, no sirve para nada y no te deja avanzar.

La culpa mal entendida nos destruye. Sentirse culpable siempre tanto por lo que has hecho como por lo que has dejado de hacer no tiene ningún sentido y harán que tu vida sea difícil. Culpabilizar siempre a los demás nos aleja de asumir nuestra responsabilidad por nuestros actos y, con ello, no permite que mejoremos nuestra vida corrigiendo nuestros errores. ¿Eres consciente de estos mecanismos en ti?

”El verdadero buscador crece, aprende y descubre que siempre es él el principal responsable de lo que sucede” (Jorge Bucay).

Asumir la responsabilidad respirando

Disponte a dedicarte unos minutos para ti. Toma unas respiraciones profundas, cierra los ojos y recuerda algún momento en el que te hayas sentido culpable por algo que haya sucedido y que hayas sido el responsable de la acción. Primero hazte responsable de esa acción que has cometido e intenta comprender por qué has actuado de esa manera, no te desvalorices, ni castigues ni descalifiques, sólo observa cómo te sientes. Date cuenta de lo que has hecho y toma la firme decisión de no volver a hacerlo más (ser consciente sirve para aprender para la próxima vez). Acepta la situación sin juicio. Pide  perdón al otro o a ti mismo según sea el caso. Y si puedes subsanar la situación toma acción y hazlo. Todo esto pasa en tu mente mientras lo imaginas e imagina cómo te sientes al hacerlo. Respira de nuevo profundamente y vuelve a tu vida. Eres INOCENTE.

 

Autor: Mirian Alonso

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