EL ARTE DE SER UNO MISMO

 

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Lo que creemos de nosotros mismos y de la vida llega a ser nuestra verdad
(Louise L. Hay)

 

 

 

¿Sabes quién eres?

Esta es una de las preguntas más importantes que todos nos hemos hecho en algún momento de nuestra vida, pregunta de todos los tiempos y para todos, pregunta cuya respuesta no es fácil pero es imprescindible hacerse si queremos vivir una vida, digna, feliz y coherente.

¿Eres quien quieres ser o eres lo que dictan otros que debes o tienes que ser?

Vivimos en una sociedad donde imperan los juicios de valor, donde se nos dicta cómo actuar, cómo vivir, cómo ser. Por ello, solemos funcionar condicionados con creencias que nos son ajenas, creencias que bloquean nuestra felicidad, creencias guardadas por años en nuestro interior. Muchas veces son las creencias de otros y no sabemos cuáles nos son propias.

Puede que estés pensando como deberías ser, pero eso no eres tú en realidad. Eres mucho más que todos los debería que has escuchado a lo largo de tu vida.

Una vida sin ser nosotros mismos

De niños nuestros padres, nuestro modelo de familia, nos inculcaron muchos de esos deberían, y se enfadaban con nosotros por no ser o actuar como ellos esperaban. En aquellos momentos ya empezamos a registrar en nuestro inconsciente muchas de aquellas creencias.

Después en el colegio nuestros profesores dictaban normas, las mismas para todos, y modelos de conductas que teníamos que seguir. Si hacíamos las cosas saliéndonos de las normas éramos castigados. Por eso, por ser niños y querer la aceptación de los demás aprendimos a traicionarnos y empezamos a forjarnos la máscara de lo que creemos ser a día de hoy.

Durante la adolescencia buscábamos héroes y heroínas a las que imitar, con sus súper poderes, alejándonos bastante de la realidad. También teníamos ídolos en la música, en las películas. Era cuestión de imitar.

En nuestra cuadrilla de amigos cuántas veces nos ha pasado que no queríamos hacer algo que hacían los demás pero lo hacíamos para no ser rechazados, para que nos quisieran.

Poco a poco hemos ido perdiendo el rastro de quienes éramos en realidad, convirtiéndonos en adultos asustados ante el rechazo, sin saber muy bien quienes somos.

¿Quién soy?

Ahora me resulta algo más fácil responder a esta pregunta aunque no siempre fue así. Tras años de confusión, experiencias de todo tipo y mucho trabajo personal, ahora lo sé. Trabajo gratificante y recompensado, necesitaba conocerme, sin miedo a indagar en mi interior.

Hemos interiorizado las distintas voces con las que crecimos y las hemos hecho nuestras por lo que nos es difícil responder quienes somos. Todas estas voces y las distintas experiencias vividas conforman las personas que hoy creemos ser.

Hemos sido constantemente aprobados o desautorizados por parte de otros seres humanos. Esto nos ha convertido a veces en títeres, en un motor manejado desde el exterior para bien y para mal. Moldeamos nuestra forma de ser sobre “el qué dirán” dejando de ser nosotros mismos.

Vivimos en una sociedad que por desgracia desde bien pequeños nos enseña e instiga a competir entre nosotros, a ser los mejores, a ganar, perdiendo la propia personalidad tan deseada y necesitada para vivir una vida plena. Se premia el éxito y se castiga el fracaso cuando no son más que dos formas de ver la misma moneda. ¿Acaso el fracaso no nos trae grandes aprendizajes de vida? Y así vamos creciendo en base a otros modelos, en competencia los unos con los otros. Forjamos una personalidad alienante y creemos que somos de tal o cual manera en base a los éxitos conquistados. En realidad ese no es nuestro éxito, sino que es necesario desentrañarlo y despojarnos de todas esas creencias y juicios de los demás para llegar a saber quiénes somos en realidad. Medirnos por rasero ajeno nos impide crecer libres y evolucionar en la tarea más importante de nuestra vida que no es más que volver a nuestro interior e indagar quienes realmente somos.

Los otros podrían bien servirnos como espejos donde mirarnos, para ver nuestras virtudes y también nuestras sombras que son parte de todos nosotros, sin excepción y sin exclusión.

Conocerse y ser uno mismo

Conocernos a nosotros mismos nos ayuda a tener una visión más clara de en quién nos queremos convertir sin miedo a la comparación, a la competencia y al que dirán. No ser quienes somos nos desgasta y agota haciéndonos sentir muy mal con nosotros mismos. Una persona autentica, coherente, decidida no pierde su energía en contradicciones y si las tiene las asume como parte de sí en un momento determinado y las afronta resolviendo sus problemas rápidamente. Su paz interna y la misma coherencia reducen la vida de conflictos psíquicos y emocionales y se siente plena y muy viva, llena de energía e ímpetu. No ha de protegerse de los demás, sabe lo que quiere y se siente en armonía. Tiene la energía para confiar en la vida, vive con la cabeza recostada sobre el corazón y es capaz de amarse a sí misma y a los demás.

No hay nada de malo en ser diferente, en seguir los dictados de tu alma, en seguir tus propios valores y creencias y actuar sin seguir a los demás, respetando sin duda al prójimo. Aunque a veces resulta difícil y es un camino en solitario otras, porque no todo el mundo te entiende, merece la pena y hablo desde mi experiencia. Sientes una paz en tu interior que te la da el saber quién eres y saber que lo que haces es lo correcto ya que te sigues a ti mismo.

¿Cómo puedo ser quien quiero ser?

Algunas ideas para hacer tuyo el arte de ser tú mismo:

– Aprende a estar a solas contigo mismo. La soledad trae autoconocimiento, te ayuda a distinguir lo verdadero de lo falso. Dentro de ti existe el mejor maestro para ti. Aprende a conocerlo.

– Sé honesto contigo mismo en todo momento.

– Deshazte de la idea de que si no eres como los demás quieren que seas no te querrán. Nuestra familia ha dejado un poso muy grande en nosotros. Averigua cuáles son tus creencias y diferéncialas de las de ellos.

– Acéptate y ámate tal y como eres en este momento. Si crees que hay algo que puedas mejorar, adelante, mejóralo.

– Deja de ser tan exigente contigo mismo aunque tampoco caigas en una vanidosa o soberbia autocomplacencia.

– Perdónate por todo el daño que tú mismo te has causado y por no ser quien quieres ser en este momento.

– Descubre quién quieres ser.

– Sé dulce e indulgente contigo mismo.

– Busca la felicidad dentro de ti.

– Persigue tus metas y deja a un lado las que no son tuyas.

– Cada noche habla contigo y recuérdate dos o tres cosas bonitas sobre ti.

– Mírate cada mañana ante el espejo y obsérvate. Luego puedes decirte algo agradable.

Es tu elección

Y ahora dime, tuya es la elección. ¿Quién eres y quién quieres ser?

Autor: Mirian Alonso

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