Escuela de Padres

 

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¿Qué significado le das a la palabra educar en tu vida?, ¿Cómo estamos educando? ¿Hacia dónde queremos dirigir la educación de nuestros hijos?

Desde hace varios años asisto a la escuela de padres, impartida por una gran profesional de la psicopedagogía, que el colegio de mi hija ofrece a todos los padres de la escuela. Tengo una experiencia muy agradable y de gran aprendizaje en ella y mis deseos de transmitir esta misma experiencia es lo que me ha llevado a escribir este artículo.

Aprendiendo a ser

En la escuela de padres estoy aprendiendo a ser mejor persona. Además de aprender herramientas útiles para gestionar ciertas situaciones que todos vivimos con nuestros hijos, me da la oportunidad de mirarme y ver en qué punto estoy, porque para poder enseñar o acompañar a mi hija en sus procesos vitales tengo que ver que esas mismas enseñanzas las tengo integradas en mí. De no ser así, manos a la obra, y ahí el nombre de escuela de padres.

Vivimos en una sociedad de consumo que nos lleva como enloquecidos, en un sistema de constante estrés y prisas para todo, para llegar a la escuela, al trabajo, para llegar al final de mes… Una forma de vivir que trasladamos a nuestra familia y que determina que nuestros hijos se vean inmersos en ella. Estamos fortaleciendo un sistema con el que en realidad no estamos de acuerdo y que en ocasiones nos hacen cuestionarnos hacia dónde vamos. Trabajamos muchas horas fuera de casa para conseguir que a nuestros hijos no les falte de nada y llegamos a casa cansados, sin ganas de relacionarnos con nuestros hijos, sólo deseamos tumbarnos en el sofá…. Con ello estamos privando a nuestros hijos de lo que más falta les hace: la compañía, el contacto o vínculo con papá y mamá.

Nosotros mismos como adultos hemos sido educados en el tener para poder hacer, y en el hacer si quieres tener, pero en raras ocasiones hemos sido educados en el SER. Tener más, hacer más no nos enseña a ser quienes somos. ¿Sabemos quiénes somos en realidad?

Sin querer estamos educando a nuestros hijos en la idea de tener, en la idea de saber cuánto más mejor, les educamos para que tengan éxito pero no les educamos para que sean felices. Las cosas están cambiando y cada vez vemos que este tipo de sistema no funciona, por eso buscamos otras alternativas, otro tipo de educaciones, y en este punto es donde a mí personalmente me está acompañando la escuela de padres.

En los colegios se enseña a competir, a ser el mejor, a sacar las mejores notas, a ser el más listo. Hay una impronta cultural, familiar, trasmitida de generación en generación, una impronta social. Se enseña la competencia de competitivo, no de competente y esto nos aboca a sentirnos frustrados en algunos casos, a sentirnos menos que otros, a sentir inseguridad si no lo haces igual que el resto o no llegas como llegó fulanito… y realmente la vida es imprevisible. Nadie nos garantiza que si hacemos todo lo que se nos dicta lo lograremos y no nos enseñan las herramientas para gestionar nuestras emociones para poder vivir y afrontar la vida como viene. El paradigma está cambiando, ahora tenemos la necesidad de aprender a educar y a vivir desde el SER. Hace cien años podíamos dejar a la tribu, a la sociedad, la tarea de educar, pero hoy día esto ya no nos sirve, quizás ni nos sirvió a nosotros y menos a nuestros hijos. Hoy más que nunca tenemos que asumir nuestra responsabilidad en la educación de nuestros hijos, y para ello antes debemos tomar nuestra responsabilidad por nuestras propias vidas para poder hacerlo con ellos.

Aprendiendo a ser padres

Voy a compartir algunos de los temas que abordamos desde la escuela de padres por si te pueden servir para actuar o al menos para reflexionar sobre ello, siempre desde una perspectiva de no victimizarnos por sobre cómo lo estamos haciendo. Todos queremos lo mejor para nuestros hijos.

  • Educar desde el ser para ser felices.
  • Enseñar a tus hijos a comprender el punto de vista de los demás, porque cuando se enseña que su punto de vista es el único no le gustará ni aceptará otros criterios.
  • Enseñar a no desesperarse cuando las cosas no salen como a uno le gustaría. No son perfectos ni deberían intentar serlo. Los fracasos no existen como tal, sino como modelos de aprendizajes.
  • Enseñar a organizar las prioridades, todo no tiene el mismo valor ni el mismo mérito. Hay un tiempo para cada cosa y es importante sacarlo.
  • Las cosas, la vida es un cambio constante. Enseña a aceptar los cambios. Lo que fue ayer no tiene por qué ser hoy.
  • Enseñar a desdramatizar, una mala nota no es un drama, alguien que se va tampoco lo es, enseñar el desapego.
  • Enseñar a vivir en las emociones, a contactar con ellas y a darles un espacio en sus vidas.
  • Enseñar a explorar, para eso hay que dejarles espacio, a desarrollar la creatividad, a no repetir siempre lo mismo, no siempre desde el mismo lugar, aprender a que en las equivocaciones encontraran futuros aciertos y que es una manera de mejorar y aprender. Esto les enseña a enfrentarse a la frustración.
  • Valorar los pequeños logros en el día a día, son el principio de los grandes logros.
  • Enseñar a ser agradecidos, agradecer lo que se tiene no poniendo el acento en lo que falta.
  • Conocer y enfrentar los miedos sabiendo que el miedo es una emoción normal de la que no hay que huir.
  • Aprender a pedir y a ofrecer ayuda y apoyo a las personas con las que te rodeas. No somos autosuficientes y nos necesitamos los unos a los otros.
  • Aprender a reírse de nuestras propias torpezas, fracasos, aprender a reírse de uno mismo.
  • Enseñarles a ser genuinos, auténticos, a no ser una imitación de otros.
  • Enseñarles a vivir y manejarse con sus propias emociones, para saber cómo gestionar la vida.

Cada una de estas tareas y muchas otras son el principio sobre el que se sustenta la escuela de padres. Tocamos todos estos temas y los que nos ocupan a cada uno de los padres que nos acerquemos a estas reuniones. Y cada día salgo de allí convencida de que nada de esto es posible si el camino y el aprendizaje no empieza en mí, porque si yo no sé gestionar mis emociones, si yo no pido y ofrezco ayuda, si yo no soy genuina, no comparto y dramatizo ante la mínima dificultad… ¿Cómo podré acompañar a mi hija y mostrarle un nuevo camino?

Nuestros hijos son un regalo. Para mí sin duda la mía lo es. A través de ella me insto a mirarme a mí misma, a cuestionarme cómo lo estoy haciendo, dónde me encuentro, me miro para intentar mejorar cada día, ser mejor persona y darle lo mejor de mí.

Educar la mente sin educar el corazón no es educar en absoluto
(Aristóteles)

 

Autor: Mirian Alonso

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