Influencia de las lealtades familiares en el destino de los hijos

lealtadesLealtad

Es una característica inherente a todo ser humano. Debido a la necesidad de afiliación y afecto que tenemos, somos leales.

Necesitamos encontrar un lugar en el que sentir que pertenecemos, sentirnos queridos, acogidos y cuidados.

Sentimientos de lealtad, de unidad y compromiso que agrupa necesidades, expectativas, exigencias y límites dentro de un El sistema más cercano y primario al cual pertenecemos es nuestro propio sistema familiar con el que estamos vinculados desde el nacimiento.

Para ser leales, debemos ser débiles, pues si no lo fuéramos y siguiéramos a la conciencia individual, nos alejaríamos de ese contrato invisible que tenemos con los nuestros.

Es el vínculo el que nos hace leales, a más independencia menos vínculo.

Dentro de toda familia hay unas reglas no escritas, normas y obligaciones que si se ignoran pueden traer mucho dolor al sistema y al individuo.

Los más pequeños de la familia, los hijos, los más débiles e inocentes, al estar atados y necesitar a sus padres y presos de esta culpa original y de su inocencia, harán cualquier cosa por ser amados, siendo leales hasta la muerte, dejando de crecer emocionalmente, adquiriendo muchas veces situaciones y formas que no les son propias, que pertenecen a los más grandes, para compensar la conciencia familiar y pagar sus deudas. De este modo se es fiel y leal y se pertenece, con lo que el hijo se siente a salvo y seguro.

En ocasiones, los padres arrastran a sus hijos con sus ideologías, obligándoles a seguirles, pudiendo vivir esta situación con dolor y a la larga revelarse ante la situación. Sin embargo, otras veces el hijo asume la forma del padre y esto le conducirá hacia la misma infelicidad.

Cuanto más obediente es un hijo con sus padres “aparentemente” más leal será. Si no lo es, puede ser excluido del grupo y sufrirá un gran dolor.

Yo lo haré como tú”, “Yo lo hago en tu lugar”… frases inconscientes que cobran vida en la familia. Se hace por lealtad, por amor ciego, por pertenencia.

Y de este modo, vamos en contra de la vida, erramos, fracasamos, nos deprimimos, enfermamos, sufrimos desgracias personales y colectivas, pero eso sí, somos leales y tenemos un lugar en el mundo, y así se repite por generaciones hasta que alguien rompe el circulo y las cadenas.

Los hijos están vinculados profundamente a la familia, a sus padres, comparten el alma familiar y siguen su destino. Se adhieren a la familia sin cuestionarla.

Cuando se hagan grandes tendrán la oportunidad de comprender que para ser leales a ellos mismos, que es la lealtad que les hará avanzar, tendrán que asentir a lo que ha sido y despedirse de la familia yendo hacia la vida, atendiendo a la conciencia individual, comprendiendo que los mayores ya pagaron el precio por sus vidas, agradeciendo todo lo vivido, honrando a los ancestros y haciendo algo bueno con todo lo aprendido.

Autor: Mirian Alonso

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