El niño que habita en mí

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Muchas de las creencias y patrones de comportamiento que tenemos hoy día, los adquirimos en la infancia, a muy temprana edad.  Nuestras experiencias de hoy  tienen como base esas creencias que aceptamos entonces como verdades absolutas.
Dentro de nuestro subconsciente están registradas todas las situaciones de dolor, traumas, emociones, creencias, así como las situaciones agradables que hemos vivido.
Una parte de nosotros, nuestro niño interior, quedó helado en esas experiencias mientras fuimos creciendo, y así aprendió a sobrevivir.

Todos llevamos en nuestro interior a ese niño herido que fue lastimado durante su desarrollo y esas heridas se están despertando y recreando en nuestras vidas de adultos hoy.

Nuestra personalidad está formada por esa niño interno y el adulto que  soy.  Cuando ellos  están conectados en armonía, nuestra vida funciona. Cuando por el contrario, existe una desconexión, entramos en  conflictos, desordenes y  vacíos.
Por un lado, la naturaleza de los niños es vivir con alegría,  inocencia, naturalidad, vivir a tope el momento presente, la  imaginación, el juego… saben muy bien lo que quieren.

Cuando nos vamos convirtiendo en adultos, vamos perdiendo esa espontaneidad, desconectándonos del niño que fuimos, olvidándolo y arrinconándolo en el más frío rincón de nuestro mundo interno, así convertimos a ese niño, en una parte oculta y reprimida de nosotros mismos, de nuestra personalidad, con la cual o no sabemos  o hemos olvidado como relacionarnos.
Por otro lado, ese niño tuvo en algunos momentos, unos padres que le valoraron, juzgaron, criticaron  de una forma dura. Él no se supo defender, por eso pensó que era un niño malo y cambio su forma de ser y de comportarse y ahora hará lo que sea para obtener tu aprobación y tu amor.

De este modo el adulto, para no sentir ese dolor que sufrió, se desconecta de ese niño, quedando cada vez más herido, volviéndose quizás adicto a sustancias, cosas o personas, ya que sigue necesitando ese amor para sobrevivir. En estos momentos puede que nuestros padres no estén ya, y somos nosotros como adultos quienes cumplimos esa misma función.
Nuestro niño herido habita dentro de nosotros, recluido y abandonado sin nadie que le proteja y le cuide. Y como adultos, y manejados por esos niños, lo que hacemos es proyectar nuestros sentimientos hacia el exterior,  poniéndonos  a la defensiva y trasmitiendo la ira y desconfianza que cargamos ocultas.

Características del  niño  herido

Perfeccionistas
Controladores
Manipuladores
Críticos consigo mismos y con los demás
Relaciones difíciles
Iracundos y rabiosos
Envidiosos
Competitivos
Miedosos…

Como restablecer la relación

-Conecta con el cada día al menos durante cinco minutos.
-Ten paciencia y dale tiempo. Si hace muchos años que le has abandonado, necesitará su tiempo para volver a confiar en ti.
-Acércate suavemente y preguntarle que necesita, atiende esas necesidades y así podrá sanar sus heridas y dejar partir aquello que le hirió.
-Déjale que exprese lo que sea que necesite: rabia, enojo, tristeza, ya que parte del proceso de sanación pasa porque viva estas emociones.
-Explícale que vas a estar a su lado.
-Valida sus sentimientos, reconoce que esas heridas sucedieron y que tus padres también eran niños heridos.
-Hazle entender que el hizo las cosas como supo y que no había otra manera de hacerlas, dile que es inocente.
-Hazle sentir especial y amado.

El trabajo que he realizado con mi niña interna ha supuesto para mí un viaje apasionante de mucha sanación. Una vez reconstruido el vínculo vivo mucho más tranquila. Cuando me siento amada, protegida y cuidada  por la adulta que soy  la vida fluye con armonía, sin reclamos ni exigencias. Mi niña se siente atendida y la adulta camina hacia adelante, soñando, jugando y bailando claqué.

Autor: Mirian Alonso

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