Reconociendo a Mamá y a Papá

 

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“Honrar a los padres significa tomarlos tales como son, y honrar la vida significa tomarla y amarla tal como es: con el principio y el final, con la salud y la enfermedad, con la inocencia y la culpa.”  Bert Hellinger

 

¿Cómo es tu relación con tus padres?

¿Tu vida va viento en popa a toda vela? ¡Qué maravilla! Enhorabuena, disfruta del camino y sigue navegando.

¿Tienes dificultades? ¿Sientes que no avanzas, que te falta fuerza para seguir adelante? ¿Qué tal es tu relación con papá y mamá?

Imagino que te preguntarás por qué te hago esta pregunta. Sigue leyendo este artículo y encontrarás la respuesta. Comprobarás la importancia que tiene sanar la relación con los padres, el por qué al no hacerlo tenemos grandes dificultades en la vida y cuál es la relación directa que tiene lo uno con lo otro.

Relaciones, jerarquía, pertenencia

Tener y sanar la relación con nuestros padres, aceptarles y honrarles tiene tanta importancia que cuando no lo hacemos nuestra vida se detiene y no tenemos la fuerza y el impulso suficiente para ir hacia la vida y vivir nuestros sueños.

Muchas son las disciplinas que tratando al ser humano de una manera holística (Constelaciones Familiares, Rebirthing, bioheart, etc.) coinciden  y determinan que cuando la relación primera con nuestros padres y su reconstitución sanan son la fuente de una vida plena y próspera.

Existen ciertas leyes universales invisibles, comunes a todos nosotros, que nos ordenan y dan conciencia. Una de ellas es el valor de la Jerarquía. Cada uno ocupa su lugar, unos llegaron antes que otros, los padres preceden a los hijos. Cuando este valor es revertido, cambiado o desordenado hay una disonancia con esta ley y tu vida se resentirá.

Otra de estas leyes es la de Pertenencia. También nos sentimos gobernados por ella Todos los miembros de un sistema pertenecen a él, sin exclusión, pero en muchas ocasiones, por lo que sea,  apartamos a alguno de sus miembros. Si excluyes a uno de tus padres, te excluirás a ti mismo.

Durante muchos años he sido partícipe de las historias personales de otros seres humanos, compartidas desde el respeto y la confidencialidad, y además tengo mi propia historia personal. He observado y vivido en mis propias carnes cómo la dificultad de aceptar a alguno de los padres y la propensión a juzgarles y cuestionarles, han hecho que nuestras vidas se vieran disminuidas en la capacidad de disfrutar y fluir, de ir hacia los propios sueños. Sólo ordenar y sanar esta relacionar ha dado como resultado ganar fuerza y avanzar.

Relaciones problemáticas y exclusión

Muchos de los problemas que vivimos tienen su origen en esta relación primaria, en su disfunción. Problemas de todos los tipos y en todos los campos: malas relaciones de parejas, problemas en el terreno laboral, con los jefes, amigos, problemas con el ganar dinero, con disfrutar la vida, malas relaciones con nuestros hijos, etc. Muchos de estos problemas derivan de una mala o nula relación con nuestros propios padres, con papá y con mamá.

En nuestro interior les llevamos a ellos. Somos un 50% papá y un 50% mamá y renunciar a cualquiera de los dos es renunciar a una parte de nosotros mismos. Independientemente de lo que hayamos conocido o de lo que nos haya sucedido con ellos. Nuestra infancia puede que esté salpicada o incluso llena de dolor, de carencias, de abandonos, de abusos o rechazos, más ellos nos dieron la vida y negarles a ellos y a aquello que ocurrió significa negar la vida. La vida que nos dieron es el mayor regalo de todos y es imposible devolverlo. Fuimos creados por un acto de amor. Ellos lo hicieron lo mejor que supieron con las herramientas que tenían, con la conciencia que poseían y con sus propias heridas, abandonos y dificultades. Ellos también tuvieron a sus padres, y estos a los suyos, y así hasta el principio de los tiempos. Libraron sus propias batallas y lo hicieron lo mejor que supieron. Tu madre te llevó en su vientre durante 9 meses, un gran acto de amor y sacrificio, esto sólo merece gratitud. Tú vienes de toda esa historia familiar. Renunciar, juzgar o cuestionarla es cuestionarte, juzgarte y renunciar a ti.

Como hijos les hemos juzgado con frecuencia duramente, les hemos criticado, puede que aún sigas enfadado con ellos, les apartamos de nuestra vida, les rechazamos y cuestionamos. Al excluirles creemos que nos protegemos y dejaremos de sentir el dolor vivido pero lo que hacemos es anclarnos a él y reproducir una y otra vez ese dolor. Nos convertimos así en víctimas, en niños en cuerpo de adultos que no crecen y cuyas relaciones se resienten perpetuándonos en una continua infelicidad sin avance en la vida. Al rechazarlos acabamos convirtiéndonos en aquello que tanto detestamos. Lo mejor y lo peor de ellos vive en ti, pero tú no eres ellos, y el otro no existe. Ellos sólo te muestran algo que está en ti y no eres capaz de ver.

Reconocer a los padres

Todo esto puede cambiar, haciendo un profundo trabajo interior, un trabajo de honra a ellos, de agradecimiento, aceptación a lo que fue y avance hacia adelante. Toma la vida que ellos te dieron, hónrales como los más grandes, ellos llegaron antes que tú. Deja de juzgarles y toma tu lugar de hijo. La soberbia cambia tu papel creyéndote más grande que ellos. Así no puede fluir el amor. El amor va hacia adelante.

Lo que sucedió ya pasó. No digo que vuelvas con ellos, sólo que reconozcas que eso que sucedió y todo lo anterior forma parte de ti, tómalo como tu fuerza para seguir adelante, sal de tu enredo, perdónate, sé el adulto que eres y vive tu vida.

Haz algo bueno con aquello que te ocurrió, que sea tu fuerza y valor para hacer algo bueno y aportar a la vida.  La mejor manera de honrarles y agradecerles es decir sí a la vida que ellos te dieron, siendo feliz y trayendo tu vida a este planeta.

Respiro, digo sí y avanzo

Respiro, me relajo, tomo aire en un lugar de silencio.

Ahora digo sí a todo lo que sucedió, así quedo liberada del pasado y mi futuro podrá ser fuerte y real. Tomo la vida que ellos me dieron, cuido de mí. Aprendo nuevas formas de avanzar y crecer. Les honro porque ellos son los grandes y yo la pequeña. Agradezco la vida que me dieron, haré algo buena con ella en su honor y les pido que si algo hago diferente de como ellos lo hicieron me miren con buenos ojos. Esto me da la fuerza para avanzar y vivir mi vida fluyendo con armonía y alegría hacia adelante.

 

 

Autor: Mirian Alonso

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