Regulación Emocional

 

regulacion emocional1

El autodominio exige autoconciencia más autorregulación, 

componentes clave de la inteligencia emocional
(Daniel Goleman)

 

Emociones

Las emociones que sentimos hacen que nuestro cuerpo cambie. El corazón puede latir con fuerza en un momento de emoción intensa, podemos sudar por estrés, la respiración se vuelve a veces agitada y a veces más lenta ante un gran susto, generamos adrenalina, endorfinas, etc. que modifican nuestra biología y nuestro estado de ánimo. Intelectualmente, cuando algo nos ocurre o algo imaginamos que nos emociona, como una experiencia o una ilusión determinada, algo se activa en nuestro cerebro que nos impulsa a pensar sobre ello, sobre lo vivido o deseado.

Las emociones pueden generar cambios más o menos profundos y más o menos duraderos en nosotros. Algunos de estos cambios conllevan una posterior acción por nuestra parte o incluso un nuevo comportamiento. El origen de la propia palabra, emoción, se relaciona con “moverse hacia”.

Las emociones que sentimos y que nos hacen movernos pueden ser de diferentes tipos:

Las emociones primarias: que están relacionadas con nuestros instintos más básicos de supervivencia. Suelen si difíciles de detectar y normalmente las escondemos por debajo de las emociones secundarias y cuando aparecen intensamente pueden dar lugar a un comportamiento desordenado que nos limita (miedo, tristeza, asco, ira) y cuando son coherentes hacen que funcionemos apaciblemente (alegría).

Las emociones secundarias son más fáciles de identificar. En estas aparece el lenguaje, está implicado el aprendizaje y hay un cierto razonamiento emocional mediante el que asignamos determinadas etiquetas que nos ayudan a entender la emoción que sentimos (apegado, desilusionado, defraudado…). Según sea la etiqueta que asignemos a estas emociones así serán nuestras respuestas.

Los llamados sentimientos. Llegan cuando somos capaces de hacer consciente nuestro estado emocional. Es la racionalización de la emoción. “me siento de esta manera, estoy experimentando tal emoción”. Es lo que pensamos acerca de nuestras emociones.

¿Y cómo gestionamos nuestras emociones?

Gestionar las emociones

Todos hemos oído hablar de la “inteligencia emocional”, término que popularizó especialmente el psicólogo estadounidense Daniel Goleman en 1995. Este concepto sintetiza de alguna forma la importancia del papel de las emociones en nuestra vida y la importancia de aprender a gestionarlas. Se trata de aplicar la conciencia y la regulación sobre las emociones, sin entenderlas como algo sobre lo que no podemos hacer nada.

Hablar de regulación emocional es hablar de cómo gestionar los estados de ánimo que tenemos en nuestro día a día para tener emociones positivas (confianza, seguridad, alegría…), mejorar en este tipo de emociones y aprender a gestionar las negativas ya que estas últimas nos producen inconvenientes a todos los niveles (físico, intelectual, etc.). Se trata de aprender a ser inteligentes para gestionar nuestras emociones.

Nuestras emociones son una fuente vital de información sobre nosotros mismos, sobre el medio en el que nos desarrollamos y sobre los otros. Sin ellas es difícil adaptarnos al mundo. Nos dan una valiosa información y un toque de atención sobre cualquier experiencia que estemos viviendo. Los seres humanos necesitamos tomar decisiones para afrontar la vida, las diferentes situaciones y experiencias que vivimos cotidianamente. En la mayoría de las ocasiones reaccionamos de manera inconsciente y nuestras emociones son nuestro mecanismo más básico para saber si vamos por buen camino o no. Ellas son las que hacen que actuemos ante las diversas situaciones de una manera u otra. Aprender a gestionarlas hará que pasemos de dispararnos, descontrolarnos, a estar equilibrados y dar una respuesta saludable. Esto requiere de un conocimiento intenso de nosotros mismos.

Emociones conscientes

Estamos dotados internamente de sistemas propios que nos ayudan en la tarea, a través de nuestra biología y nuestro sistema neuronal. Así, nuestro sistema de miedo hará que huyamos, el de la rabia o ira hará que luchemos, el de búsqueda hará que sepamos cómo buscarnos la vida… Cuando no somos conscientes de cuáles son nuestras emociones, estas nos manejan y se disparan sin saber cómo regularlas. Es entonces cuando solemos tener problemas y dificultades tanto en lo personal como en lo social. Por ello os invito a tomar consciencia de la importancia de conocernos y aprender a autogestionarnos. Esto nos dará la oportunidad de descubrir rumbos nuevos para dirigirnos a la vida, la oportunidad de desarrollarnos en una serie de habilidades que nos son propias pero desconocemos y así generar en nosotros mayor bienestar con nosotros mismos y con nuestros congéneres.

Tomar conciencia de que existe este mecanismo en nosotros es prioritario y para ello es necesario conocernos, que seamos conscientes de lo que nos mueve internamente, cómo hay circunstancias que nos desbordan, pueden con nosotros y hacen que perdamos el control.

Tomar conciencia de nuestras emociones nos ayudará no sólo a nosotros mismos sino que es imprescindible si queremos que nuestros hijos adquieran la deseada regulación emocional. Tan importante es enseñar a nuestros hijos a autorregularse como hacerlo nosotros mismos. De hecho, la única manera de poder mostrarles cómo hacerlo es a través de nuestro ejemplo. Para ello es importante dar cabida a todas nuestras emociones, sin exclusión alguna, y aprender a tratar con ellas. Decirle a un niño “no llores, no pasa nada” es impulsar a negar sus necesidades emocionales más básicas.

Emociones y respiración

Durante toda nuestra vida, y sobre todo en la más tierna infancia, vivimos una serie de experiencias que generaron en nosotros una serie de emociones primarias (miedo, tristeza, ira, culpa…). Al ser tan pequeños fuimos incapaces de gestionarlas y entonces se congelaron en nuestro interior. Es por ello que seguimos repitiendo y repitiendo experiencias del pasado. Esas emociones siguen estando dentro de nosotros y quieren salir para ser liberadas. Es posible acceder a aquellas experiencias con sus emociones que quedaron grabadas en nuestras células a través de diversos trabajos y es esencial si queremos mejorar. Parta ello hay que revivirlas, en toda su intensidad. Están guardadas en nuestro inconsciente.

Una forma de llegar a ellas es a través de la respiración consciente, pero si no empleamos esta técnica al menos podemos darnos un momento la próxima vez que tengamos una experiencia movilizadora para observarnos, darnos cuenta de que nos está sucediendo, respirar profundamente y observar en qué lugar del cuerpo se ha alojado esa emoción, sentirla, estar con ella, darle el espacio que necesita, hacernos cargo de ella, aceptarla inicialmente sin juzgarla. Podemos incluso ponerle una forma y un color a la emoción para visualizarla mejor. Pasados unos instantes, respirando profundamente, veremos cómo nuestro ánimo transforma y nos sentimos más serenos.

Todo este trabajo finalmente nos ofrece una valiosa información sobre nosotros mismos y hará que nos conozcamos mejor.

Autor: Mirian Alonso

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