SÍ o NO

SI O NO¿Es fácil para ti decir sí o no y saber en qué momentos dar una u otra respuesta?

Cotidianamente se nos plantean preguntas respecto a las que en principio parece sencillo imaginar las respuestas: ¿Vas a hacer las compras? ¿Llevas tú al niño al colegio? ¿Tienes tiempo para…? ¿Cuidas tú hoy de mamá? Las preguntas parecen sencillas y obvias sus respuestas pero para cada uno de nosotros, incluso ante este tipo de preguntas, hay algunas fáciles de responder mientras que otras nos suponen más problemas. Muchas más veces de las que pensamos, el simple hecho de decirle a alguien sí o no nos genera conflicto  y tensión.

El sí y el no en la niñez

Desde bien pequeñitos aprendimos que si queríamos conseguir esto o lo otro debíamos tener ciertas actitudes. Nos enseñaron a agradar y a complacer a los demás, a decirles lo que querían escuchar. Por otro lado, si queríamos contentar a nuestros padres teníamos que hacer lo que ellos nos pedían aunque no quisiéramos. Esa era la forma. Nuestras respuestas estaban condicionadas al interlocutor que teníamos enfrente y esto conllevaba que si la respuesta o la acción tomada era incorrecta a sus ojos podíamos conseguir que se enfadaran, pusieran mala cara o nos lleváramos una reprimenda. Así, para conseguir que nos quisieran, que es el fin último que todo niño quiere de sus adultos, aprendimos a obviar nuestras necesidades y a dar la respuesta que el otro esperaba.

Emocionalmente esto generaba una tensión y confusión en nosotros y aprendimos tanto a desviar la atención de lo que sentíamos cuando sucedía esto, para no sentir el dolor que esto generaba, como a decir sí o no en virtud de lo que la otra persona deseaba.

El tiempo fue pasando y en nuestro interior se abrió una brecha de tal forma que cada vez que teníamos que dar una respuesta aprendimos a dar la que menos conflicto nos creara.

Consciencia del sí y del no

No siempre es fácil decir que no a alguien que te quiere y te pide algo. Muchas veces decir sí o no está condicionado por el afecto que tenemos y nos da la otra persona pues no queremos perderla. Sin embargo, cuando el otro es un desconocido nos resulta más fácil.

Algunos de los motivos por los que damos la respuestas que los otros quieren escuchar son para no entrar en conflicto, para no hacer sentir mal al otro, por miedo a ser rechazado, no aceptado, por pensar que uno no puede negarse. A veces esta actitud a corto plazo te supone un beneficio pero a la larga te generará un problema.

¿Eres consciente de lo que tú necesitas en esos momentos y cuál es la respuesta que mejor te hará sentir a ti sin obviar los sentimientos de la otra persona? Porque si dices SÍ cuando quieres decir NO, y No cuando quieres decir SÍ, para que el otro no se sienta mal, acabarás sintiéndote mal tú mismo y cuando tengas tanta costumbre de hacerlo no distinguirás lo que en realidad quieres contestar. Te habrás desconectado de tus propias necesidades.

Tu cuerpo es el mejor catalizador de cómo marchan las cosas, es importante que conectes con él y le escuches, porque a veces no tenemos claro lo que debemos decir ¿sí o no? Tu cuerpo te está dando la respuesta. Si le escuchas, puede que muestre ansiedad o estrés, lo que puede ser un claro NO, o puede que esté relajado y contento, lo que puede significar un SÍ. Dentro de ti sabes lo que has de hacer si escuchas a tu corazón. Esa es la mejor respuesta, la adecuada para cada momento.

La verdadera pregunta podría ser entonces ¿qué te dices a ti mismo? ¿SÍ o NO?

Si la respuesta es SÍ a ti, entonces te respetas, te amas, te escuchas. Esto no significa que seas mala persona como es posible que el otro intente hacerte sentir a través del chantaje emocional y la manipulación.

Si eres consciente de las situaciones en las que haces algo que en realidad no quieres hacer, o que sí querías hacer pero no has hecho, tendrás más facilidad para hacerlo de otra manera la próxima vez.

Cuando aprendemos a ser asertivos y decir exactamente lo que queremos decir, tus relaciones tanto contigo mismo como con los demás mejoran.

Ensayar y respirar

Toma unas respiraciones profundas, aislada de ruidos de tu entorno, y recuerda aquellas situaciones en las que, después, te arrepentiste de haber dicho sí o de haber dicho no pues aquello te creó tensión, ansiedad, estrés. Imagina que hubieras dicho lo contrario de lo que dijiste. Imagina qué hubiera pasado.

Respira de nuevo profundamente. Busca formas de expresarte no agresivas hacia el otro pero que te permitan mostrarte asertiva. Imagina frases a decir y actitudes a mostrar tratando de no herir los sentimientos ajenos. Piensa en esas situaciones de las que luego te arrepentiste y formula estas frases en tu imaginación como si estuvieras hablando con tu interlocutor de entonces.

Respira.

Autor: Mirian Alonso

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