VIVIR CORRIENDO SIN RESPIRAR

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Ringgggggg…Ringgggggg…Ringgggggg

Suena el despertador. Despiertas y comienza la carrera diaria contrarreloj.

¿Te suena?

Abres lo ojos, corres al baño, el desayuno, los niños, el cole, “corre, que nos tenemos que ir”, peleas, “que no llego al trabajo”, sales corriendo dando un portazo… Horas después recoger los niños del cole, la casa, los recados, la merienda, jugar sin jugar, la ducha, la cena, la televisión medio dormida y a la cama. En la cama das vueltas pensando en las citas de mañana, en que hay que arreglar el grifo del lavabo que gotea, en que el coche hace un ruido raro y que tendrás que llevarlo al taller cuando tengas tiempo, en que el fin de semana es el cumpleaños de tu hija y aún no has organizado nada, en que tienes que llamar a tu madre que hace tiempo que no sabes nada de ella… Sin poder conciliar bien el sueño te fuerzas a pensar que mañana será otro día, que tendrás más tiempo, que sólo se trata de saber organizarse bien. En tu interior, sin embargo, sabes y sientes que mañana será un día idéntico. Una nueva carrera contrarreloj.

¿Dónde te has quedado tú? ¿Quién eres? ¿A dónde vas tan deprisa?

La vida de muchos de nosotros trascurre de esta manera, entre ruidos, gritos, bocinas, estrés, carreras. Es un no parar que poco a poco te va desgastando, alejándote cada vez más de ti y convirtiéndote en un engranaje del reloj que todo lo domina. Tus hijos también han empezado a correr.

Vivimos, corremos, sin respirar y nos vamos ahogando por el camino mientras dejamos atrás los pequeños e importantes momentos del día a día. Así suele trascurrir en muchas ocasiones nuestro quehacer diario. Has dejado de sonreír porque temes que no llegarás a tiempo al siguiente suspiro y lo que sucede es que has dejado de suspirar, de ilusionarte y soñar.

A este ritmo todo tu ser grita y tu cuerpo ha empezado a padecer las secuelas del estrés, surgen pequeños problemas médicos, pierdes vitalidad y todo a tu alrededor parece carecer de sentido, pero ese entorno te ha atrapado y sin él te sientes perdida. No sabes qué hacer sin él.

¿Qué hacer?

Tú eres el capitán de tu barco, tú marcas el rumbo, las posibilidades y formas de vivir siempre han estado ahí, a tu favor, sólo tienes que elegirlas. Regresa a ti, conecta contigo sin que el ruido y el tiempo te lo impidan. Hay otras formas y otras verdades para vivir aunque ahora no seas capaz de verlo. Estás sólo a un paso de ello si te decides.

Me paro, respiro y me pongo la tarea de ser más consciente la próxima vez, el próximo instante, para vivirlo plenamente y no perdérmelo.

Me paro, respiro y vuelvo a preguntarme qué sentido tiene vivir así, de esta forma, vivir corriendo sólo para satisfacer a las implacables manecillas del reloj.

Me paro, respiro y tomo conciencia de que este es el único momento que tengo a mi alcance.

No hay nada más allá, la siguiente carrera puede esperar, pero tú ya no más.

Un día, una vida diferente respirando

Llega un nuevo día. Suena el despertador y te dispones a comenzar. Hoy, sin embargo, has decidido hacer algo que va a determinar que el día sea diferente. Has decidido tomarte unos breves minutos para atenderte, cuidarte y respirar.

Levántate suavemente, sin brusquedad, y estira todo tu cuerpo con todo tu ser. Siéntate en un silla con la espalada recta y posa tus pies (los dos) sobre el suelo, para hacer contacto con la tierra aunque te encuentres en un piso elevado. Relaja todo tu cuerpo y suelta los hombros. Toma entonces unas respiraciones profundas y conéctate con este instante, con ese lugar en el que estás. En este momento estás presente con todos tus sentidos, olvídate de todas las obligaciones que vienen después de aquí y decide conscientemente que ese es el mejor lugar en el que puedes estar. Afloja los párpados, la garganta, al tiempo que tomas otra respiración y aflojas un poquito más. Así, cada vez que respiras te vas dando cuenta cómo tu cuerpo se va relajando cada vez más.

Tómate unos breves minutos para sentir el bienestar que te produce la respiración y visualiza cómo te gustaría vivir el día de hoy. Sin prisas, muy presente en cada tarea que vas a llevar a cabo, sin dejar de respirar mientras lo haces. Imagina cómo vives cada momento. Haz para finalizar tres respiraciones más profundas, vete moviendo lentamente tu cuerpo y por fin abre los ojos.

Ahora lo tienes ante ti. Ha sonado el despertador y tu día ha comenzado siendo muy consciente, diferente al de ayer. Prueba a vivir este nuevo día con todo tu ser, saboreando cada una de las tareas que conlleva aunque sean quehaceres poco gratos. No olvides respirar y al anochecer, antes de acostarte, vuelve a sentarte un instante para hacer balance del nuevo día, si ha sido más pleno y radiante que el anterior.

Solo cambia la atención y la dedicación que le pongas. Respira profundo y verás cómo la vida cambia. Vive consciente respirando.

 

Autor: Mirian Alonso

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